jueves, julio 24, 2008

El huerto de Roma


El huerto más famoso de Roma
Fray Felipe, un monje mexicano, es uno de los responsables del huerto, donde cada mañana trabaja casi cuatro horas, junto a otros tres hermanos


Los monjes cistercienses de la iglesia y el monasterio de Santa Cruz, donde se custodia, según la tradición cristiana, un fragmento de la cruz de Cristo, tienen el huerto más popular de Roma. Recién iniciado el verano crecen ya tomates, pimientos, lechugas, berenjenas, coles y calabacines. De sus árboles cuelgan kiwis, limones, naranjas y de las parras las uvas, todos cultivados de manera natural, sin componentes quÌmicos. Y todo ello en pleno centro de la gran ciudad.

DESTACADOS.

Fray Felipe, un monje mexicano, es uno de los responsables del huerto, donde cada mañana trabaja casi cuatro horas, junto a otros tres hermanos.

Los pequeños que asisten a la catequesis y al campamento diurno de verano,
organizado por el monasterio, comen la pasta con las verduras del huerto y a los que tenÌan alergias alimentarias les han desaparecido, señala el abad.

De forma casi ovalada y una hectárea de extensión, los senderos del huerto tienen forma cruz, con un depósito circular en el centro para almacenar el agua de riego, un proyecto realizado por el arquitecto-paisajista Paolo Peyrone.

Al huerto se accede por una puerta de hierro en la que se engarzan grandes
cristales de Murano, como si fuera un árbol preñado de frutas, obra del Jannis Kounellis, uno de los artistas más representativos del arte conocido como "pobre".

Al franquear la puerta aparece un oasis en el centro de Roma, a dos pasos de la basílica de San Juan de Letrán, donde el ruido y la contaminación de la gran ciudad se transforma en ambiente sereno que invita a la contemplación.

La mayor parte de la producción de los productos del huero va destinada al consumo de los monjes, pero en 2005 abrieron una pequeña tienda junto al huerto donde cuatro dÌas en semana fray Pasquale, con su hábito negro y blanco, despacha a los parroquianos los productos que cultivan.

UN MEXICANO, RESPONSABLE DEL HUERTO.

La tienda es pequeña y en ella las frutas y verduras de temporada se presentan en capazos, símbolo de otros tiempos, junto a varios cuadros de flores y motivos campestres que pinta fray Pasquale: "mientras esperan su turno, los clientes pueden mirarlos", explica el religioso.

Fray Felipe, un monje mexicano, es uno de los responsables del huerto, donde cada mañana trabaja casi cuatro horas, junto a otros tres hermanos.

El abad Simone explica que la labor en el huerto es obligatoria y rotatoria para todos los miembros de la comunidad, novicios y postulantes.

Todos ellos cuentan con la ayuda de Davide, un agricultor que dos o tres días en semana recorre los 74 kilómetros que le separan de Roma para trabajar con los monjes y hacerles partÌcipes de sus conocimientos de años de trabajo en el campo.

"Aquí todo es natural, no se usan abonos químicos" y en la medida de lo posible cada año replantan su propias semillas, mientras Davide intenta recuperar simientes antiguas y ahora anda a la b˙squeda de las de un tipo
de calabaza.

Davide, además, asegura que la cercanÌa al centro de la gran ciudad y su contaminación no plantea problemas a los cultivos, pues "esta es una zona bastante limpia".

De la bondad de frutas y hortalizas da fe don Simone, los vecinos que hacen la compra en la tienda de los monjes a la que el barrio "ha dado buena respuesta" y los niños que comen sus productos.

Los pequeños que asisten a la catequesis y al campamento diurno de verano,
organizado por el monasterio, comen la pasta con las verduras del huerto y
a los que tenÌan alergias alimentarias les han desaparecido, seÒala el
abad.

PARTE DE LA COSECHA PARA LOS NECESITADOS DEL BARRIO.

Los frailes también dedican parte de su producción a las familias necesitadas del barrio, para quienes preparan paquetes con alimentos del huerto y, en el caso de algunos ancianos "las verduras se las damos ya hasta cocidas".

La remodelaciÛn del antiguo huerto se hizo en 2003, "tras una larga reflexión" y con la ayuda de la asociación de Amigos de Santa Cruz, relata el abad Simone, quien recuerda que "el huerto es el lugar de la amistad con Dios".

De forma casi ovalada y una hect·rea de extensión, los senderos del huerto tienen forma cruz, con un depósito circular en el centro para almacenar el agua de riego, un proyecto realizado por el arquitecto-paisajista Paolo Peyrone.

El lugar donde hoy se asienta la iglesia de Santa Cruz y el monasterio fue en otra época un anfiteatro militar, que el emperador Eliogabalo mandó construir en el siglo III, y posteriormente residencia de santa Elena, madre del emperador Constantino, quien cristianizó el Imperio.

Sobre esa ruinas, a metros de profundidad, crecen ahora legumbres, hierbas aromáticas y medicinales, en un lugar de particular belleza, delimitado por las murallas que hizo construir el emperador Aurelio para proteger Roma de los ataques de los bárbaros.

Por los senderos del huerto, los sentidos pasan del olor de la lavanda, al rojo de los tomates y a la rítmica cadencia de unos pocos aspersores de riego, mientras a unos pocos metros detrás de los muros aurelianos se alzan las casas de la Roma, cuyos sonidos se convierten en murmullos lejanos.

EFE-REPORTAJES.

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